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viernes, 1 de febrero de 2008

TIQUETE A LA PAZ

Te levantas sin razones,
La luz del día no es suficiente para ti.
Mira alrededor y devora las imágenes,
Hay unas que te pertenecen y muchas que no.
Consigue un tiquete a la paz.

Descansarás tu cuerpo
Y tu mente se aquietará.
En mis sueños te vi sonreír,
Tus manos dibujaban tu oración.
El tiquete te llevará.

Las noches se apoderan de los días,
La lluvia ha inundado tus pulmones.
Te contaré los secretos,
Tomaré tu mano y te encaminaré,
Secaré tu rostro y te daré calidez.

Es cierto que todo carece de color,
Tus manos olvidaron como hacerlo,
Y las imágenes se niegan a sonreírte.
No desfallezcas, pronto llegará,
La calma invadirá tu ser.

Extiende tu mano con fe,
Sumérgete muy profundo,
Que tu aliento se extinga sin remedio
Porque la paz que buscas está en un tiquete,
Y las sombras no te eclipsarán nunca más.

Entrega tu cuerpo,
Recupera tu alma,
Cólmate de luz eterna,
Tus pies se aligerarán.
Anda que el tiquete te lo dará.


viernes, 25 de enero de 2008

¿Se muere en la Montaña?

La muerte… quizás ni exista.

Todos los Brokebalcohólicos hemos suspirado varias veces durante esta semana y seguro sentido y escrito bastante. Pero en esta ocasión es diferente, parece que un ingrediente de la montaña cambia el sabor de todo: el gusto es un poco amargo, tal vez profundo, el sabor perdura, anuda la garganta, ahoga, deja manos vacías, páginas en espera y pensamientos confundidos.

¿Realmente se muere en la Montaña?, estoy seguro que no; ni Jack, ni ahora Heath.

Y no, porque no pueden decidir marcharse, no pueden decidir esconderse, ni abandonar ni bajar de la Montaña. No, porque pertenecen a los habitantes del lugar en que los ríos claros no se secan, en el que el invierno provee de abrazos, donde el color de los ojos y el cielo se confunde, donde la boca sabe a Whisky, donde hasta la cara más dura sonríe, donde los secretos son tesoros y hasta donde las armónicas son aliciente.

Quedan fotogramas, frases, imágenes, sonrisas arrancadas, cañas de pescar, postales, miradas, historias, años, cervezas pasajeras, algunos cigarrillos, cicatrices, dos camisas, caricias, letras, miedos sin resolver, esperanzas, besos tímidos, palabras por decir, un par de sombreros, promesas, una imagen en un espejo… y mucho más. Por todo esto, definitivamente, en la montaña NO se muere.

Este es un fragmento de unas palabras nacidas en días de la Montaña (23 julio de 2007):

[...]

Tu mirada es desconfiada,
Sospechando que habrá dolor;
Y cuando te adueñas de las noticias,
Las letras rojas te lo recuerdan sin compasión.

Pudiste besar sus labios,
Sentir la tibieza de su rostro;
Pero la aridez de tus manos no te dejó,
Y la resequedad de tus labios te rindió.

Solo trata de sonreír,
Yo te daré cada motivo,
Acariciaré tus sienes,
Iluminaré este camino.

Ahora pasa el mundo frente a ti,
Ahora estás dispuesto a dar una caricia,
Tus brazos quieren aferrarse a un torso;
Pero… ya no es tiempo.

Puedo leer tu deseo,
Quiero descifrar tu cuerpo,
mostrarte un abrazo,
Y que besar --- es sublime.

Escucho tus gestos,
Tus temores también son los míos;
Besaré tu frente,
Y te diré que me importas.

_______________


25/I/2007

El tiempo no silencia,
la tormenta no borra imágenes,
ni la piel deja de sentir en invierno.

Una sonrisa es inmortal,
las palabras eco interminable,
y las manos memoria de una caricia.

Un abrazo recuerda la presencia de un cuerpo,
el aliento renueva el sabor de un viejo beso,
y un camino siempre cuenta una historia.

__________


Si tenemos todo esto, entonces, en la Montaña NO se muere.



viernes, 11 de enero de 2008

Escena sobre la muerte

Bueno, este es un texto que escribí en agosto de 2003 y que hoy quise reconstruir. Hace parte de una colección de escritos que nacen por una profunda inquietud sobre la muerte: ¿qué naturaleza tiene?, ¿cómo se explica desde diversos puntos de vista?, ¿cómo cambiar la percepción hacia la muerte?, ¿cómo se vive la muerte en otras culturas?... y una larga lista de preguntas. Claro, de todo ello surge una obra de Teatro que hace un par de años terminé de escribir, en la que existen 7 personajes y a la vez son 7 formas de vivir, ver y recibir la muerte... claro, tiene muchos ingredientes, por su puesto Tango. Entonces les presento el fragmento:


Una mujer está arrodillada junto a una cama, solloza y se comunica en oración y súplicas. Quien reposa es una jovencita de 18 años, tiene el cabello largo y castaño, su rostro es blanco y delicado, el dolor físico se ha mitigado por los medicamentos, pero el dolor de su ser se hacia más intenso. La niña que es bañada por una tenue luz blanca y con un fondo azul oscuro, escucha una voz:


Niña: ¿Quién es eres?

Voz:

Dicen que vengo en las noches,
por las calles,
en donde encuentro a cualquier vagabundo,
cualquier mujer de la calle,
cualquiera que sierra sus ojos por última vez al abrazo del frío.

Niña:

Entonces creo que te conozco...
eres como un eco,
que todos gritan y en otros se repite,
una y otra vez,
sin remedio...
...eso dicen.

Cuando te he sentido cerca
creo que no he querido abrazarte
para sentirte por completo.

Voz:

Ven, abrázame:
siente mi cuerpo y no te querrás ir de mis brazos.

(Entra en escena un lúgubre caballero, traje con líneas blancas, sombrero, pero con gran carisma que nadie se puede negar a su compañía, nadie se resiste a su amabilidad)

Siente como te siento.
Mira mis manos, te esperan...
esperan que llegue las tuya.

Prueba bailar conmigo.
Escucha mi suave melodía.

Cuenta las garzas,
tus sueños te esperan.

(Bailan juntos, la consagración al descanso, descanso de ambos)

Niña: Estoy muriendo, lo siento... así es.

Caballero:

Cierra tus ojos,
imagina el firmamento:
cuan cálido puede ser.

Tu cuerpo descansa,
el alma se libera.

Toma mi mano,
que espera por la tuya

Niña: Espérame, iré contigo

(Mira el lecho, a su desfallecida hermana y le dice:)

El tallo se secó,
pero el retoño en otra parte nace.

El cuerpo es el tallo,
el retoño soy yo.

El adiós es del cuerpo,
la vida es de la mente.

Mi vida queda;
queda en tu mente,
en el recuerdo...