sábado, 17 de abril de 2010

Viajeros

La mañana estuvo llena de sonrisas, de juegos, de bocadillos, de luces y narraciones. Las cosas eran divertidas y hasta llenas de ingenuidad; como niños que escribían una historia cada día, con sus lápices de colores.

Llegó la tarde y los niños sufrieron metamorfosis; sus pieles se convirtieron en escamas, pétalos, plumas, trazos de tinta y versos con sabor a café, vino y tango. Se fueron. Viajaron al lugar que no se esperaba este corto cuento:

Una de ellos se convirtió en rosa, una de pétalos tímidos, pero coloridos. El roció a veces inundaba sus ojos, pero las mariposas llevaban caricias que le reconfortaban. Otro decidió, sin saberlo, que se convertiría en una caricatura, que con su alegría se pasaría por las páginas de libros, habitaría maquetas, pintaría a otros dibujos y construiría edificios de papel y madera. La otra tomó las alas y los colores del quetzal; ahora vuela visitando mundos, escribiendo en las memorias de las personas y hablando mil lenguas.

Yo estoy aquí, con escamas de metal, piernas de madera, cristal y sal; con la espina dorsal como capa y con varios tesoros en los bolsillos; pero bueno, esa es otra historia que contar.


Un saludo especial para mis amigos Rosa, Dark y Diana.