miércoles, 26 de agosto de 2009

Crónicas Mayas II


El sabor a maíz hecho tortilla me acompañó con toda la intención de cobrar vida.

Pude ver mujeres del pasado, mujeres del Mayab, mujeres multicolores, mujeres hechas de elote. Cada tramo, cada kilómetro estaba impregnado de campo, de cultivos, de gente, de Guatemala.

En mi estómago iba un pan relleno de chile y un café no muy concentrado. Las maletas se alejaron de mí, para darme libertad y capturar decenas de imágenes y sensaciones.

Llegué a la tierra del volcán Santa María; pasé por cuatro-esquinas y frente al imponente Tecún Umán. Las expectativas por materializar un sueño lejano aumentaban; ya era casi la 1:00 de la tarde. Me paré en la puerta de la estación de autobuses, saqué mis cigarrillos mentolados y decidí esperar por la promesa.

Quizás una hora pasó, cuando le llamé. Era ella; sí, era ella. Su voz más que un déjà vu; por cierto, muchos de los mismos me asaltaron cada instante. Diana me pidió que la esperara; encendí otro cigarro.

Como si conociera a Quetzaltenango, con toda propiedad hice el llamado a un taxi y le di las indicaciones para que me llevara a mi hotel. El automotor no era último, ni reciente modelo; quien manejaba me confundió con uno de los vecinos del extremo norte del continente; decía que parecía que yo no hablaba bien el español. No me quedó más que reír y pedir un préstamo a la anfitriona en el hotel, pues ni un solo quetzal llevaba en mis bolsillos y no me atreví a cambiar dólares.

Más que hotel, se trataba de una hermosa casa, con plantas, arbustos, árboles y flores por doquier. Definitivamente era parte de Quetzaltenango.

Y exhalé con fuerza. Ya estaba en Xela; ya era mi segundo día en tierra Maya. Me sentí en casa; realmente sí.

¡Señor, alguien lo busca!... y era ella. Sonreí. Su presencia no me era ajena, su rostro tampoco; su sonrisa y su luz las suponía y su voz ya me acompañaba. Vino un gran abrazo; no era para menos. Sonrisas y aventuras se cruzaron rápidamente. Ahora tenía compañía, a mi cómplice.

Y como en los cuentos: dos gatos tomaron chocolate y comieron buñuelos en el centro de Quetzaltenango. Mientras tanto la tarde caía, la gente caminaba, había una enorme Luna, las nubes se moldeaban y mis cigarrillos Rubios ® casi se acababan. Las calles de Xela me contaron algunas historias en la voz de Diana y mi teléfono celular perpetuó innumerables momentos de la bella ciudad.

La noche se adelantó; es cierto. No nos habíamos contado ni una cuarta parte de lo que queríamos y el chocolate se había esfumado tranquilamente. Era hora de tomar ruta y de descansar para poder cumplir con los planes del siguiente día.
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Como extra en esta entrada, quiero compartir con todos esta joya aque me encontré. Debo confesar y sin exagerar que me conmovió:



sábado, 15 de agosto de 2009

CRÓNICAS MAYAS I


Cierro mis ojos y aún veo trajes multicolores;
Aún respiro los campos de elote,
Mi boca trae el sabor a fermento,
En mi piel se repite el rayo del sol
Y los mitos mayas todavía retumban en mí.





Como si tratase de una premonición, las cosas estaban sucediendo. Sin tener alas, sin estar dormido y sin ser Cóndor, sobre la cordillera de los Andes me elevé, rumbo a tierra maya; una vez más viviría de cerca parte del mundo de los hombres y mujeres de maíz.



Pisar Costa Rica de nuevo me trajo viejos recuerdos y reavivó más las imágenes de un sueño no recuperado del todo; la cerveza mexicana me confundió y el cambio de horario me apresuró. En pocas horas estaría en mi destino final del día.

El descenso a Ciudad de Guatemala no fue grato por las turbulencias, pero sí por su significado. El clima era templado, mucha gente de piel indígena esperaba a la salida de La Aurora y yo no sabía qué haría: ¿esperaría un taxi no confirmado o tomaría mi propio rumbo?; un par de vueltas entre la multitud y una decisión a medias, me permitieron hallar al esperado que me condujo a mi hotel. Me sentí en casa, pues las calles se parecían a la Candelaria en Bogotá; quizás también a Ciudad de La Habana.



Al siguiente día, con muy pocos quetzales y con la intriga del precio del dólar, resolví salir con todas mis maletas a buscar la estación de autobuses; por suerte el sistema de nomenclatura es muy sencillo. Atravesé calles y anduve por la 7ª avenida. Llegué al lugar y compré el tiquete de ida y regreso e Quetzaltenango o Xela-jú o Xela; la ciudad en que nació y vive Diana.

domingo, 9 de agosto de 2009

Saludo Veloz

Pues sí, damas y caballeros... los planes suelen cambiar totalmente y abruptamente... en este momento me encuentro sentado en una computadora a un par de metros de nuestra amiga Diana La Maga... sí, es cierto, estoy en Guatemala, la tierra de los Mayas.
Tan solo llegué el viernes a Ciudad de Guatemala, el sábado en la mañana viajé a Quetzaltenango, la ciudad de La Maga, y estaré hasta el miércoles. Espero poder hacer muchas más cosas en estos pocos días.
Diana ha sido una excelente anfitriona... y hemos cumplido con nuestra promesa de comer buñuelos y tomar chocolate juntos. Acabamos de regresar de las ruinas de Huehuetenango. Luego les obsequio algunas de nuestras fotos enlas pirámides y más locaciones.
Hasta prontito... ahora voy en busca de más cerveza y cigarrillos mentolados
Y ¡qué vivna los Mayas!