viernes, 25 de enero de 2008

¿Se muere en la Montaña?

La muerte… quizás ni exista.

Todos los Brokebalcohólicos hemos suspirado varias veces durante esta semana y seguro sentido y escrito bastante. Pero en esta ocasión es diferente, parece que un ingrediente de la montaña cambia el sabor de todo: el gusto es un poco amargo, tal vez profundo, el sabor perdura, anuda la garganta, ahoga, deja manos vacías, páginas en espera y pensamientos confundidos.

¿Realmente se muere en la Montaña?, estoy seguro que no; ni Jack, ni ahora Heath.

Y no, porque no pueden decidir marcharse, no pueden decidir esconderse, ni abandonar ni bajar de la Montaña. No, porque pertenecen a los habitantes del lugar en que los ríos claros no se secan, en el que el invierno provee de abrazos, donde el color de los ojos y el cielo se confunde, donde la boca sabe a Whisky, donde hasta la cara más dura sonríe, donde los secretos son tesoros y hasta donde las armónicas son aliciente.

Quedan fotogramas, frases, imágenes, sonrisas arrancadas, cañas de pescar, postales, miradas, historias, años, cervezas pasajeras, algunos cigarrillos, cicatrices, dos camisas, caricias, letras, miedos sin resolver, esperanzas, besos tímidos, palabras por decir, un par de sombreros, promesas, una imagen en un espejo… y mucho más. Por todo esto, definitivamente, en la montaña NO se muere.

Este es un fragmento de unas palabras nacidas en días de la Montaña (23 julio de 2007):

[...]

Tu mirada es desconfiada,
Sospechando que habrá dolor;
Y cuando te adueñas de las noticias,
Las letras rojas te lo recuerdan sin compasión.

Pudiste besar sus labios,
Sentir la tibieza de su rostro;
Pero la aridez de tus manos no te dejó,
Y la resequedad de tus labios te rindió.

Solo trata de sonreír,
Yo te daré cada motivo,
Acariciaré tus sienes,
Iluminaré este camino.

Ahora pasa el mundo frente a ti,
Ahora estás dispuesto a dar una caricia,
Tus brazos quieren aferrarse a un torso;
Pero… ya no es tiempo.

Puedo leer tu deseo,
Quiero descifrar tu cuerpo,
mostrarte un abrazo,
Y que besar --- es sublime.

Escucho tus gestos,
Tus temores también son los míos;
Besaré tu frente,
Y te diré que me importas.

_______________


25/I/2007

El tiempo no silencia,
la tormenta no borra imágenes,
ni la piel deja de sentir en invierno.

Una sonrisa es inmortal,
las palabras eco interminable,
y las manos memoria de una caricia.

Un abrazo recuerda la presencia de un cuerpo,
el aliento renueva el sabor de un viejo beso,
y un camino siempre cuenta una historia.

__________


Si tenemos todo esto, entonces, en la Montaña NO se muere.



1 comentario:

Ana, un Hada al Sur del Mundo dijo...

Mi querido amigo... aún no habia podido venir a tu casa pues cuando me avisaste de la existencia estaba saliendo en vacaciones y cuando regrese, me quedé sin conexion a internet... situación que se mantiene...
Tus versos, como la primera vez que te leí, me conmueven, tienen pinceladas de sentimientos añejos, de eras de amor y pasion, de recuerdos y sueños... una belleza.
Me alegro muchísimo que hayas remontado este vuelo y que ahora puedas volcar la pena que esta montaña ha cobijado... la montaña soporta todos estos embates por su sabiduría y su eternidad...
Un beso enorme de esta Hada que vive en la tierra melancólica del tango...